Ancho de banda, órbitas y redes: cómo la estrategia digital prevaleció sobre las decisiones tecnológicas en el sector marítimo
«El panorama normativo cada vez más complejo al que se enfrentan los operadores de buques ha puesto de relieve los retos relacionados con las aplicaciones y la seguridad de las redes», escribe Tore Morten Olsen, presidente de la división marítima de Marlink.

Si se hubiera realizado un estudio del sector naviero hace veinte años, se habría constatado que los operadores de buques y los proveedores de servicios se encontraban en un incómodo punto muerto. Con un monopolio virtual en vigor, unas comunicaciones limitadas a alertas de seguridad, llamadas de voz apenas asequibles y mensajes de texto mínimos, había pocas ganas de entrar en una pugna.
Poco a poco, fue surgiendo competencia para el operador dominante, Inmarsat, en forma de la constelación inicial de Iridium y las ofertas regionales de GlobalStar y Thuraya. A pesar de algunas grandes promesas, estos servicios aún estaban lejos de ser revolucionarios —todos seguían basándose en la banda L con un bajo rendimiento—, pero al menos había alternativas. Se había iniciado la primera batalla de la competencia en las comunicaciones por satélite.
La batalla de las bandas
Avanzamos otros cinco años más o menos y estalló la siguiente fase. La batalla de las bandas vio cómo los servicios VSAT de mayor ancho de banda salían de los mercados offshore y otros mercados de alta gama y comenzaban a abrirse paso en los mercados comerciales de transporte marítimo convencionales.
Sustituyendo gradualmente a los servicios de banda L como principal canal de comunicaciones, el VSAT proporcionaría un ancho de banda mucho mayor y permitiría la primera fase de la digitalización marítima. Pronto, los proveedores comenzaron a lanzar argumentos de marketing sobre qué banda era la más adecuada para las aplicaciones marítimas.
Dado que a los armadores les preocupaba sobre todo el abastecimiento de combustible y el cumplimiento de los tiempos de escala —y, cada vez más, proporcionar comunicaciones a la tripulación—, se abrió un valioso campo de batalla por el que competir. La frecuencia en la que se prestaban los servicios pronto dejó de ser relevante.
No todas las órbitas son iguales
Hace cinco años se abrió un nuevo frente, cuando los proveedores trataron de destacar las ventajas relativas de las órbitas en las que operaban sus satélites.
¿Deberían los operadores seguir con los servicios VSAT geoestacionarios (GEO), que podían ofrecer un servicio global pero que también adolecían de bloqueos en el servicio y de una falta de cobertura polar? ¿Deberían apostar por los nuevos y potentes servicios de órbita terrestre media (MEO) que ofrecían los nuevos operadores y que podían añadir capacidad en regiones específicas?
Entonces asistimos a la aparición de nuevos servicios de órbita terrestre baja (LEO) de Starlink y OneWeb; además, Iridium ya había lanzado para entonces un servicio LEO mejorado en banda L y se convertiría en un proveedor rival de servicios de seguridad frente a Inmarsat.
Las drásticas reducciones de la latencia y los aumentos en las velocidades de transmisión revolucionaron un mercado que se había acostumbrado a servicios que, si bien no eran emocionantes, sí eran fiables. El resultado de este cambio es que el ancho de banda marítimo y las redes sobre las que se ejecuta ya no son un factor limitante para que la comunidad marítima disfrute de experiencias de conectividad similares a las de una oficina.
Gestionar el cambio
Lo que nos lleva al panorama actual. Cuando la conectividad similar a la terrestre es casi omnipresente, ¿qué les queda a los operadores tradicionales por lo que luchar? Resulta que bastante.
En un mercado alterado por la geopolítica y las tensiones en la cadena de suministro, los armadores están implementando estrategias digitales que les permiten operar con la máxima disponibilidad, compartiendo datos con centros de gestión de flotas, partes interesadas e incluso reguladores, bajo demanda.
Incorporar la tecnología a bordo con una intervención mínima y una integración limitada ya no ofrece el nivel de beneficio requerido. Las soluciones deben gestionarse y las redes construirse de manera que reflejen las necesidades empresariales.
Por ejemplo, la capacidad de adoptar software de flujo de trabajo colaborativo, compartir datos en la nube y permitir el acceso remoto para inspecciones y mantenimiento requiere que los sistemas se definan según la prioridad de las aplicaciones. Esto exige una experiencia en redes híbridas que va mucho más allá del canal de conectividad.
Nuevas fronteras
Llevar a cabo una estrategia centrada en lo digital significa que los proveedores deben crear y coordinar una solución que combine todas las opciones de conectividad, ofrezca las aplicaciones que impulsan las operaciones y proporcione herramientas de seguridad a nivel global.
La expansión de redes de gran ancho de banda capaces de agrupar LEO, VSAT y 4/5G significa que los propietarios pueden utilizar los servicios LEO como herramienta de captación y retención, adquiriendo planes flexibles que se pueden compartir entre toda una flota, mientras utilizan VSAT para comunicaciones con un rendimiento garantizado.
También se está sintiendo presión por parte de nuevos vectores. Durante mucho tiempo, el ancho de banda limitado disponible para los operadores protegió de manera efectiva al sector de la atención de los hackers. La liberación de ancho de banda con la incorporación de los servicios LEO implica que los armadores deben ser mucho más conscientes de las amenazas y disponer de servicios para defenderse.
Los reguladores también han comenzado a actuar, con normas de las sociedades de clasificación para buques de nueva construcción y estrictas normas de la Unión Europea que obligan a un cambio de enfoque. Los armadores deben pasar de una postura defensiva a una proactiva y prepararse para amenazas mucho más concertadas, así como para sanciones más severas en caso de incumplimiento.
Ad Astra
El sector del transporte marítimo actual se parece superficialmente al de hace 10 años, pero desde el punto de vista operativo, normativo y de cumplimiento, es muy diferente. Las tácticas y la estrategia han cambiado a medida que los activos se distribuyen cada vez más ampliamente por el escenario del comercio mundial.
Puede que la batalla de las redes haya terminado, pero se ha producido una transformación aún mayor. La disponibilidad de ancho de banda significa que los términos utilizados para describir las redes han perdido importancia frente al servicio que prestan.
La capacidad de ofrecer una solución completa implica comprender qué combinación de ancho de banda, servicios gestionados y herramientas cibernéticas ofrece los mejores resultados para satisfacer las necesidades del cliente. Esa experiencia en profundidad cuenta más que la forma en que se nombran o comercializan los servicios. Los retos de la industria global actual hacen que sea esencial contar con las herramientas adecuadas.
¿Ha terminado para siempre la era de la competencia cara a cara? La historia sugiere que no será tan sencillo. Pero quizás la principal lección que hay que extraer es que los armadores y operadores que han apostado por una estrategia digital son los que más tienen que ganar. Aun así, también deben estar preparados para desafiar a sus proveedores de red y preguntarles qué harán para ayudarles a ganar el acuerdo.
Este artículo se publicó el 22 de agosto de 2024 en Splash 247.
